Por: Gilberto Vásquez
Al final, todas nuestras diferencias quedan atrás
No me hablen de ideologías, de elecciones, no me hablen alianzas sino encontramos ahora ese eslabón que perdimos.
Lo que tenemos enfrente es la acción de un pueblo resquebrajado.
Ver al pueblo en éxodo tiene implícita la tristeza, la impotencia y la frustración.
Sé que JOH solo es la cara de un sistema, pero pensar que cambiar a un hombre pudiese darle al pueblo una nueva esperanza de vida, nos tiene que poner el camino correcto de la lucha.
No sé puede llamar a un pueblo en éxodo cobarde, eso es un despropósito del tamaño de nuestra miseria.
Cada uno de ellos lleva un historia de dolor y necesidad encima. Muchos ya perdieron uno o varios miembros de su familia.
¿Acaso no tienen derecho a buscar nuevos horizontes?
Hemos tenido tantos momentos coyunturales y hoy la dictadura nos vuelve a poner ante otro. Hay que ser ciegos para no verlo.
Esto no es de poder, no es de partidos, no es de puestos gubernamentales. Esto es de vida o muerte. Muchos de los que se van no llegarán a su destino, ni volverán. Talvez ni sabremos que pasó con ellos.
Ya no nos quieren en tierras extrañas. Somos un pueblo de mierda para Trump. Somos intrusos en tierra mexicana.
Y lo más triste, no valemos nada en nuestra propia cuna.
Parece que no hay Dios. No hay evolución porque vamos en retroceso.
Parece que la democracia solo fue un sueño, un mito contado para embaucarnos y embarcarnos en políticas estériles.

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